
Tengo un placer culpable muy personal. Es que me encanta ver esas series de abogados, donde buscando encarcelar al criminal, el fiscal intenta crear una patraña argumentativa, tan elocuente como convincente, y me gusta recrear imaginativamente esas situaciones. Muchos testigos, con su chisme que se toma como evidencia, contribuyen con la praxis profesional del fiscal. Ese chisme es transformado por el fiscal, en una joya acusatoria que permite que el hacha de la justicia llegue a los criminales. Se dan cuenta: nunca, como en el ejercicio de la justicia, un chisme habìa tenido tanto peso: ver al acusado en un sitio, ver el arma incriminatoria, ver a un acompañante, etc. Yo, me considerarè en adelante, como un testigo racional, y con mi chisme acusatorio, terminarè de exponer la culpabilidad del relax argumentativo en atrapar la atenciòn del lector a textos fundamentados con esa tècnica.


